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06/10/2022
Alfonso Nino, en consulta

La necesidad de mejora y cambio como progreso, es una acción inherente a todas las personas, lo mismo deberían hacer la organizaciones o instituciones publicas, pensando en el bienestar y una vida mejor para la gente. Sin embargo,  este cambio no es automático. Se necesitan herramientas y metodologías para construirlo. A largo del siglo XX se han definido  muchas metodologías que ya están estandarizadas y tienen cierto consenso como son las políticas, planes, programas y proyectos. A todo este paquete metodológico lo  denominamos planificación y cuentan con objetivos, estrategias, visión, misión, valores, un marco lógico, teoría del cambio, entre otro.

Estas metodologías tienen dos características fundamentales: 1. Tienen que ver con el futuro y 2. Dependen del contexto para el logro de resultados. Los planes son, probablemente, la metodología de cambio más extendida y desarrollada en el campo de la salud. Tenemos planes comunales, planes locales de salud (PSL), planes distritales, provinciales y regionales. Además de los planes nacionales de salud (PNS), los planes multianuales(PESEM), los planes estratégicos institucionales (PEI) y los planes territoriales de desarrollo concertados(PDC) que incluyen los objetivos de salud.

No creo que exista alguna organización, que no lo tenga. La ley lo obliga y es inevitable hacerse los siguientes cuestionamientos: ¿de qué sirve este plan?, ¿direcciona la gestión?, ¿define los grandes temas o estrategias de la institución?, ¿se puede ver el avance o logro de la visión u objetivos?, ¿es la base para hacer el ROF? La respuesta total es NO.

A pesar de contar con el soporte un sistema de panificación nacional, y una autoridad en estos temas (CEPLAN), en todas las DIRESAS o GERESAS hay una dirección de planificación, entre otras tantas más. Entonces no preguntamos ¿por qué no se cumplen los planes y hay un direccionamiento de la gestión en una organización o institución?, por las siguientes razones:

  1. Planes muy bien elaborados, bonitos, pero, sin presupuesto.
  2. Planificación es igual a solicitud y asignación del dinero.
  3. Divorcio de lo planificado y lo presupuestado.
  4. Énfasis en la formulación, mas no en la implementación y evaluación.
  5. Ejecutar los planes no es vinculante.
  6. Cultura institucional basada en el gasto y no en resultados.
  7. Presupuesto por actividades (PPA), en vez de presupuesto por resultados (PPR).
  8. Los formuladores no están en la ejecución.

Esto ha llevado al descredito institucional y público de los procesos de planificación. Se ha convertido más en un ritual dentro las instituciones, dando una imagen de coherencia y modernidad, que en la práctica no sirve para nada. Los planes en la gestión pública no han contribuido a mejorar la salud de las personas. Es hora de reformar, modernizar y hacerla efectiva. Solo así, la planificación sí funciona en el sector privado por que direcciona la gestión, se mide y, por lo tanto, se puede mejorar procesos y medir los resultados, lo cual genera rentabilidad a la empresa.

¿Que se podría hacer?

  1. Fortalecer el CEPLAN y hacer sus indicaciones vinculantes.
  2. Volver a la planificación local y PEI con su presupuesto.
  3. Descentralización efectiva para planificar y gastar basado en resultados.
  4. Mejorar los indicadores y metas.
  5. Monitorear el cumplimiento de las metas de los objetivos y no el gasto.
  6. Medir la gestión por el cumplimiento de los resultados previstos en el plan.

Si no tienen un plan, otros planificarán por su institución y asignarán un presupuesto que no necesita o es insuficiente para sus requerimientos.

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